Aeropuerto saturado
Es una vergüenza que ante el mundo, la capital del país, la más densamente poblada y con una historia digna de reconocimiento, carezca de una terminal aérea a la altura de su grandeza. Todo ello por el capricho y la irresponsabilidad de un gobernante que, en el mejor de los casos, actuó con negligencia imperdonable.
El antiguo aeropuerto de la Ciudad de México ha sido objeto de múltiples ampliaciones y modificaciones a lo largo de los años. Hoy opera con dos terminales que, lejos de resolver la demanda, han sido ampliamente rebasadas. Ante esta crisis, el mismo personaje que mal condujo al país propuso una solución alterna que resultó inútil en todos sentidos: poco atractiva, mal concebida y prácticamente abandonada desde su apertura.
Se imponía entonces la reflexión sobre obras verdaderamente indispensables, ajenas a los caprichos y a las conductas autoritarias que tanto daño han causado. Para colmo, esa nueva infraestructura terminará costando el triple de la que fue cancelada de manera arbitraria; cancelación que obligó a cubrir indemnizaciones por miles de millones de pesos a constructores, pese a que el proyecto original registraba ya un avance material significativo.
México no puede seguir siendo gobernado por resentimientos ni por figuras cargadas de rencor. Recientemente, y con toda justicia, la imagen de Chávez en Venezuela ha perdido su halo de deidad; su demagogia hueca y la pobreza de sus ideales han quedado al descubierto. En nuestro país, tarde o temprano se llegará a esa misma y amarga conclusión: los gobernantes obtusos deberán responder por sus excesos, por el dispendio innecesario y por el enriquecimiento desmedido de una élite familiar y sus incondicionales. El caso de Rocha, exgobernador de Sinaloa, no es más que la punta del iceberg.
Volviendo al deplorable tema de la terminal aérea capitalina, se exige con urgencia que se exploren y ejecuten soluciones reales a su problemática; debería ser el mejor de América Latina; hoy, lamentablemente, está muy lejos de serlo.
El contraste resulta inaceptable: carencia de obras esenciales por un lado, y derroche en proyectos faraónicos e innecesarios por el otro. Esa es, en síntesis, la herencia de quienes antepusieron el ego al bien común.
________________________
Jurista y Catedrático de la UNAM. Doctor en Derecho, Historia, Pedagogía y más. Autor de más de 80 libros. ExPresidente del Tribunal Universitario.
www.estacionfoto.com El acontecer de Oaxaca en un click