La defensa de López Obrador
Por segunda ocasión, el expresidente ha salido de su retiro. La primera fue para manifestar su solidaridad con Cuba y protestar contra el bloqueo que padece la isla desde hace décadas. Cabe recordar que Trump ha actuado con extrema dureza frente a los gobiernos emanados de la Revolución; López Obrador respaldó públicamente a La Habana y criticó de manera directa al país vecino. Esa postura derivó incluso en la creación de un fideicomiso de apoyo al que la propia presidenta Claudia Sheinbaum realizó una aportación.
Ahora, el exmandatario vuelve a cuestionar a Donald Trump, al señalar lo que para muchos representa un espaldarazo al gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, y a sus coacusados. La libertad de expresión es, sin duda, un derecho fundamental que no admite restricciones arbitrarias; sin embargo, quienes han ejercido responsabilidades públicas de alto nivel están obligados a ejercerlo con mesura, evitando excesos que puedan acarrear consecuencias de mayor alcance. Pareciera que el expresidente mexicano se arroga el papel de orientar a Trump sobre cómo gobernar y, más aún, sobre cómo conducir sus vínculos con México. Lo que la Jefa de Estado más necesita en este momento es comprensión, prudencia y una visión amplia del escenario internacional; ante todo, evitar “engancharse”, ponderar con cautela cada declaración y mantenerse siempre del lado de la legalidad.
Es indispensable comprender la complejidad del contexto global y, en particular, la conducta en ocasiones impredecible del presidente Trump. Bajo ninguna circunstancia conviene escalar hacia un enfrentamiento abierto. Lo deseable es que las solicitudes de extradición se resuelvan con celeridad, sin generar la percepción de que se pretende proteger a presunto infractor alguno. A ello se suma una realidad que no puede soslayarse: el narcotráfico avanza con paso firme en el territorio nacional. Este flagelo mantiene en vilo a la comunidad internacional y su combate exige una lucha coordinada entre gobiernos y jefes de Estado, sin fisuras ni complicidades. En ese empeño, no cabe amparar a quienes, desde posiciones de poder, son señalados por vínculos con actividades ilícitas. Ha llegado el momento de actuar con determinación, altura de miras y anteponiendo, por encima de cualquier consideración, el interés nacional y los principios más elementales del Derecho.
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Jurista y Catedrático de la UNAM. Doctor en Derecho, Historia, Pedagogía y más. Autor de más de 80 libros. ExPresidente del Tribunal Universitario.
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