PUMAS, LOS VERDADEROS CAMPEONES
Por más que se intente explicar, el sistema de liguillas y torneos cortos escapa a toda lógica: que un equipo ubicado en el tercer lugar de la tabla pueda proclamarse campeón del fútbol mexicano resulta, sencillamente, un despropósito. Barcelona fue campeón de la Liga española porque acumuló más puntos que sus rivales; en igual sentido, el Arsenal conquistó el título inglés por ser el conjunto más sólido en la clasificación general. ¿Cómo justificar, entonces, que en México y otros países en vías de desarrollo se privilegie la mediocridad y se amparen las triquiñuelas de un negocio viciado?
Pumas, con un presupuesto modesto, un cuerpo técnico competente y una administración ejemplar, reunió treinta y seis puntos, dejando atrás al histórico Guadalajara. Sin embargo, los arreglos deshonestos del sistema coronaron al Cruz Azul; que ese título lo celebren quienes aún creen en los Reyes Magos o en el Pato Donald. El fútbol exige una transformación profunda, comenzando por la FIFA, organismo que ha convertido la corrupción en política institucional al comerciar cínicamente con las sedes de los campeonatos mundiales.
México, junto con Estados Unidos y Canadá, albergará el próximo Mundial; no obstante, es un secreto a voces que solo cinco selecciones tienen posibilidades reales de alzar el trofeo: Alemania, Argentina, Brasil, España y Francia. Las demás serán meros invitados decorativos. Lo razonable sería organizar competencias por niveles, donde participen conjuntos de capacidad equiparable, en lugar de presenciar encuentros tan dispares como Haití frente a Escocia o Brasil contra Panamá. Todo, al final, en beneficio de los grandes poderes económicos del balompié mundial.
El deporte más popular del planeta merece honestidad, respeto y congruencia. Bien sabemos que nuestra voz tiene escaso peso ante quienes manejan estos intereses; sin embargo, hay una verdad que ninguna liguilla puede borrar: los Pumas son los auténticos campeones.
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