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REFINERÍA DOS BOCAS: EL PRECIO DE UNA APUESTA CUESTIONABLE

REFINERÍA DOS BOCAS: EL PRECIO DE UNA APUESTA CUESTIONABLE

La Refinería Dos Bocas representa otra de las obras insignia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y, al igual que el Tren Maya, arrastra consigo una estela de interrogantes que el paso del tiempo no ha disipado, sino profundizado. Su propósito declarado era ambicioso: alcanzar la autosuficiencia energética nacional. Sin embargo, tanto su concepción como su ejecución y resultados ofrecen un panorama que invita a la reflexión crítica.

El primer cuestionamiento es de orden estratégico. Mientras México destinaba recursos sin precedente a la construcción de una nueva refinería, buena parte del mundo desarrollado avanzaba en sentido contrario: cerrando instalaciones de este tipo ante su impacto ambiental y redirigiendo inversiones hacia fuentes renovables, particularmente la energía solar y la eólica. Construir una refinería en pleno siglo XXI no solo representa una decisión regresiva en términos ecológicos, sino una apuesta que ignora las tendencias globales de la transición energética.

El segundo cuestionamiento es financiero. El presupuesto inicial de 160 mil millones de pesos terminó convirtiéndose en una erogación de 340 mil millones, consagrando a Dos Bocas como la refinería más cara edificada en el mundo durante los últimos veinte años. Y el gasto no se justifica con la producción: diseñada para generar 340 mil barriles diarios, opera actualmente en torno a los 180 mil, con proyecciones optimistas que apenas alcanzan los 220 mil para el presente año. Frente a un consumo nacional de gasolina que ronda los 820 mil barriles diarios, la soberanía energética proclamada con tanto énfasis luce, en el mejor de los casos, como una aspiración lejana.

Los especialistas señalan, además, que esos mismos 340 mil millones de pesos habrían permitido modernizar las seis refinerías ya existentes, obteniendo una capacidad productiva superior a la que hoy ofrece Dos Bocas. La decisión de construir desde cero, en lugar de rehabilitar la infraestructura disponible, sigue sin encontrar una justificación técnica convincente.

El panorama se agrava al considerar que la refinería opera con pérdidas sostenidas, subsidiada por el erario público para mantenerse en funcionamiento. Algunas voces optimistas proyectan que hacia 2030, sumando la producción de Dos Bocas a la de las refinerías existentes, México podría alcanzar la autosuficiencia en gasolinas. No obstante, esa perspectiva choca con una realidad contundente: mientras el subsidio permanezca como condición de operación, la viabilidad financiera del proyecto seguirá siendo una ficción.

Lo que no admite debate es el costo de oportunidad. Los recursos comprometidos en esta obra faraónica representan una carga financiera de largo plazo para el país, dinero que pudo haber financiado infraestructura energética renovable, salud, educación o modernización industrial. Dos Bocas quedará en la historia no solo como la refinería más cara de su generación, sino como el símbolo de una visión energética que apostó por el pasado en un momento en que el mundo ya miraba hacia el futuro.

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Jurista y Catedrático de la UNAM. Doctor en Derecho, Historia, Pedagogía y más. Autor de más de 80 libros. ExPresidente del Tribunal Universitario.

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